La Lección Privada
Tengo cuarenta y ocho años y me llamo Claudia. Era profesora de piano en una academia privada de Buenos Aires, divorciada hace cinco, con un cuerpo que el tiempo había hecho más voluptuoso: tetas grandes de copa DD que desbordaban cualquier sostén, pezones oscuros gruesos que se endurecían con el roce de la blusa de seda, caderas anchas y un culo carnoso que se movía lento cuando caminaba por el aula. Mi pelo negro lacio me llegaba a la cintura, y mis ojos verdes tenían esa mirada que hacía que las alumnas jóvenes se sonrojaran sin saber por qué. Mi alumna favorita era Lucía, diecinueve años recién cumplidos. Una jovencita delgada pero con curvas perfectas: tetas firmes de copa C que rebotaban bajo las remeritas ajustadas, pezones rosados pequeños pero siempre duros, cintura estrecha, culo redondo y alto que se marcaba en los jeans cortos, piernas largas y suaves, y un coño depilado que yo imaginaba rosado y apretado, labios delgados que se hinchaban fácil. Su pelo castaño largo caía e...