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La Lección Privada

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Tengo cuarenta y ocho años y me llamo Claudia. Era profesora de piano en una academia privada de Buenos Aires, divorciada hace cinco, con un cuerpo que el tiempo había hecho más voluptuoso: tetas grandes de copa DD que desbordaban cualquier sostén, pezones oscuros gruesos que se endurecían con el roce de la blusa de seda, caderas anchas y un culo carnoso que se movía lento cuando caminaba por el aula. Mi pelo negro lacio me llegaba a la cintura, y mis ojos verdes tenían esa mirada que hacía que las alumnas jóvenes se sonrojaran sin saber por qué. Mi alumna favorita era Lucía, diecinueve años recién cumplidos. Una jovencita delgada pero con curvas perfectas: tetas firmes de copa C que rebotaban bajo las remeritas ajustadas, pezones rosados pequeños pero siempre duros, cintura estrecha, culo redondo y alto que se marcaba en los jeans cortos, piernas largas y suaves, y un coño depilado que yo imaginaba rosado y apretado, labios delgados que se hinchaban fácil. Su pelo castaño largo caía e...

La Babysitter

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Bianca tenía diecinueve años y un cuerpo que parecía tallado en el gimnasio: delgada pero con curvas perfectas, tetas firmes de copa C que rebotaban libres bajo tops ajustados, pezones rosados pequeños pero duros como piedritas, abdomen plano marcado por horas de cardio, caderas estrechas terminando en un culo redondo y alto que tensaba shorts deportivos, piernas largas y tonificadas, y un coño depilado con labios delgados rosados que se hinchaban rápido, clítoris pequeño pero ultrasensible que la hacía chorrear jugos dulces y transparentes como una fuente cuando se excitaba. Pelo rubio corto desordenado, ojos azules inocentes y labios carnosos que se mordía cuando se ponía nerviosa. Era babysitter ocasional para parejas adineradas, y esa noche cuidaba a los hijos de Laura y Martín, una pareja de cuarenta y cinco y cuarenta y ocho años. Laura era una MILF curvilínea: tetas DD pesadas con pezones oscuros gruesos, culo carnoso, coño depilado chorreante. Martín, alto y musculoso con canas...

La Alumna Chantajeada: La Nota Perfecta

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Sofía tenía veinte años y un cuerpo que hacía que todos en la facultad de Letras de la UBA la miraran dos veces: tetas D-cup firmes y altas que rebotaban bajo las blusas ajustadas, pezones rosados grandes y gruesos que se marcaban siempre, aureolas anchas que se veían sutiles bajo la tela fina cuando se excitaba, cintura estrecha que se ensanchaba en caderas voluptuosas, y un culo carnoso y redondo que tensaba las faldas cortas hasta el límite, nalgas separadas por un surco profundo donde su ano rosado fruncido palpitaba virgen e inocente. Su pelo castaño largo caía en ondas desordenadas hasta la mitad de la espalda, ojos miel grandes que brillaban con ambición, y labios carnosos que se mordía cuando se ponía nerviosa. Era buena alumna, pero este semestre había fallado: notas bajas en dos materias clave, y si no aprobaba, perdía la beca. Los profesores eran don Roberto, cincuenta años, alto y canoso con voz grave y polla gruesa de veinte centímetros venosa que goteaba precum constante ...

La Exhibición

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  Valentina tenía veintiséis años y era la definición de inocencia: una chica tímida que se sonrojaba con cualquier comentario subido de tono, cuerpo curvilíneo pero suave –tetas firmes de copa D que rebotaban bajo blusas holgadas, pezones rosados grandes y sensibles que se endurecían al frío o al nerviosismo, cintura estrecha, caderas anchas y un culo redondo y carnoso que se marcaba en las polleras ajustadas, piel blanca suave con un leve bronceado, pelo castaño largo lacio cayendo hasta la cintura, ojos cafés grandes y expresivos que miraban con candidez, labios carnosos que se mordía cuando se ponía nerviosa. Su coño depilado era rosado y apretado, labios hinchados que chorreaban jugos almizclados dulces al excitarse, clítoris protuberante rojo que palpitaba visiblemente, y un ano rosado fruncido completamente virgen que nunca había sido tocado por nadie. Su novio, Martín, de veintiocho años, era todo lo contrario: dominante, cachondo constante, con una polla gruesa de diecinue...

La Extorsión de una milf

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 Lucas y Tomás tenían diecinueve años, dos pendejos musculosos del barrio de Villa Urquiza, Buenos Aires, que pasaban los días en el gym y las noches en fiestas y pajas colectivas viendo porno MILF. Eran amigos de Mateo, un chico de su misma edad, pero su verdadero objetivo era la madre de Mateo: Valeria, una mujer de cuarenta y dos años que era un pecado andante –curvas maduras que el yoga había mantenido perfectas, tetas DD pesadas y jugosas que rebotaban libres bajo blusas escotadas, pezones oscuros gruesos que se marcaban siempre, caderas anchas terminando en un culo carnoso redondo que tensaba leggings hasta el límite, y un coño depilado con labios gorditos hinchados que chorreaba jugos espesos almizclados cuando se excitaba, clítoris grande rojo palpitante que la hacía squirt chorros calientes si la follaban bien. Pelo negro lacio largo hasta la cintura, piel blanca suave, ojos verdes que brillaban con una mezcla de autoridad maternal y deseo reprimido. Valeria era divorciada...

La Transformación de Alex

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Alex tenía dieciocho años recién cumplidos y un secreto que lo consumía: quería ser transexual. Desde los quince se miraba al espejo fantaseando con tetas, maquillaje, ropa femenina y una pija entrando en su culo virgen. Se masturbaba viendo porno de femboys y travestis follados por hombres musculosos, semen espeso rebosando por anos dilatados y caras cubiertas de leche caliente. Pero nunca había dado el paso. Era tímido, virgen total, con un cuerpo delgado y suave que ya parecía femenino: piel blanca impecable, culo redondo y alto, pelo castaño largo que le llegaba a los hombros, y una polla pequeña que se ponía dura solo de pensar en ser usado como puta. Su amigo Matías, de diecinueve, lo sabía todo. Eran amigos desde la secundaria, y Alex le había confesado su deseo una noche borrachos. Matías, un tipo alto y musculoso con polla gruesa de veinte centímetros venosa, siempre lo había mirado con lujuria oculta. Un viernes, Matías lo llamó: "Vení a la quinta de mis viejos este fin ...

Hipnotizada en la clase de yoga

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Clase privada de yoga en el estudio desierto al atardecer, persianas bajas, luz ámbar filtrándose. Ana, 32 años, casada, cuerpo de gimnasio obsesivo: culo redondo y firme, tetas grandes y altas, cintura estrecha, piernas largas. Lleva leggings negros de lycra fina que se pegan como segunda piel, marcando cada curva de su coño depilado —labios mayores hinchados, clítoris apenas visible bajo la tela— y un top deportivo negro con tirantes finos que deja ver el reborde inferior de sus pechos, pezones ya apuntando por la excitación inconsciente. Marco, 38, profesor alto, hombros anchos, abdominales marcados bajo la camiseta ajustada, polla gruesa y larga que se insinúa en el pantalón de yoga gris. La cita “para una sesión especial de hipnosis profunda y liberación”. La hace tumbarse boca arriba en la colchoneta central, luces bajas, incienso de sándalo, música binaural suave. “Respira profundo… inhala mi voz… exhala tu voluntad… cada sílaba se clava en tu subconsciente… tu mente se vacía…...